Me duele el
corazón por tu engaño, lo marcaste a fuego y no te importo el dolor que sentí,
el sufrimiento que viví.
Tus palabras se grabaron en mi piel y en mi cabeza repetía la misma canción una
y otra vez.
No estabas presente cuando inevitablemente tropecé con tu sentir y caí
escaleras abajo, rompiendo mi cuerpo en pedazos que se perdieron en el
horizonte.
Los restos de mi rostro vieron tus ojos vacíos,
te marchaste dejando atrás lo poco que quedaba de mí.
Una lagrima que cruzo un trozo de mejilla,
que alguna vez esbozo una sonrisa.
Por:
Ophelia Pagliari
(Siento que
este escrito lo dejo incompleto, debería seguirlo pero ahora no salen las
palabras. Lo más gracioso es que todo aparece en un instante y al mismo tiempo
se va.)




